
¡¡ATENCIÓN!! SI NO HAS VISTO TODAVÍA EL CAPÍTULO 10 ("El paquete"), NO SIGAS LEYENDO...
No nos podemos engañar: ha pasado el ecuador de Perdidos y la audiencia ansía saber qué ocurre con la pareja de Jin y Sun. Llevan dos temporadas separados -permítidme hablar de "temporadas" y no de años reales o virtuales por aquello de los viajes en el tiempo, que me harían acabar sacando la calculadora para dar, finalmente, una cifra errónea y sujeta a todo tipo de interpretaciones y teorías- y el culebrón de la chica coreana rica con el súbdito pobre debe y tiene que tocar a su fin de una u otra forma lo antes posible.
La señorita Paik y el señorito So Kwon llegan a Los Angeles como solteros. Es decir, que en la línea de tiempo alternativa no se han casado. Y no es la única diferencia. La mentalidad de Jin es más abierta y se nota en su forma de actuar en el episodio. Y, lo más importante: no tenemos duda sobre la paternidad de Jin cuando ella le confiesa que está embarazada. ¿Por qué? Sencillo: Sun no sabe inglés y, por lo tanto, no ha tenido que cruzarse con aquel profesor de idiomas con el que mantuvo un escarceo amoroso que acabó en tragedia.
En este episodio vuelve a repetirse una de las constantes más habituales desde que comenzó la temporada: el chantaje emocional. El Hombre de Negro, Widmore e incluso Jacob, (aunque en una medida ínfima en comparación a los anteriores) lo emplean. Hacen buena la máxima de Napoleón: "Para conocer la fortaleza de un hombre no ataques a sus ejércitos, sino a su corazón". Y a ello se están dedicando los tres desde hace un buen puñado de capítulos aunque, últimamente, la frecuencia de los chantajes es bastante alta. El motivo: se acerca la guerra.
El Hombre de Negro ha ido prometiendo a todo el mundo cosas imposibles para ir reclutándolos. Cogió a Claire jurándole que le devolvería a su hijo; a Jin que le devolvería a Sun; a Sawyer que lo devolvería al mundo "real" -aunque esto no es Matrix...-; a Sayid que le podía devolver a Nadia y, últimamente, de nuevo ha cogido a Claire en solitario para decirle que cuando Kate cumpla con su cometido "se hará lo que se tiene que hacer" (matarla, entendemos...). Sin contar a los que ha intentado sumar a su causa sin éxito (véase Sun en el huerto de los tomates). Por cierto, curioso el momento "amnesia lingüística" de Sun: tras golpearse en la cabeza sólo entiende el inglés, pero no puede hablarlo. Fijaos cómo justo antes de abrir la puerta a Martin Keamy en el hotel se detiene ante el espejo para mirarse algo en la frente. ¿Restos de ese golpe que ha ocurrido en la otra línea de tiempo? ¿No os recuerda a Jack mirándose la cicatriz de su operación de apendicitis?
Por su parte, Jacob ha sido menos "espléndido" y, por el momento, no ha prometido tantas cosas. Más bien ha ido dando consejos espirituales e instrucciones para que cuando llegue el momento haya un responsable que pueda continuar su labor de defensa de la Isla. El, por ahora, hombre bueno con camisa blanca ha prometido poco pero, al menos, ha cumplido con lo pactado: ha dado la eterna juventud a Richard Alpert a cambio de que trabaje para él protegiendo la Isla. Y, además, le dijo que no podía limpiar sus pecados ni traer de la ultratumba a Isabella. Hasta ahora, Jacob no llega a los niveles de aparente falacia y cinismo del Hombre de Negro por lo que le mantendremos en la columna con epígrafe "Personajes de los que, al parecer, me puedo fiar".
El último en liza, Charles Widmore, llega "de tapado" -menos para Jacob que ya dijo aquello de "Ya vienen", en referencia al millonario inglés- y también con su programa electoral preparado. Eso sí, sus promesas, parecen tener un objetivo más material. A él le interesa la Isla y lo "único" que tiene es mucho dinero y el conocimiento suficiente como para localizarla y llegar a ella en submarino. Sin embargo, coincide con Jacob en una cosa: si el Hombre de Negro escapa de Isla, el mundo que conocemos se irá al garete.
Con Jacob y su Némesis más o menos diferenciados en cuanto a quién es el bueno y quién es el malo -por supuesto, con todas las precauciones que se deben tomar en una serie cuyos guionistas disfrutan con las piruetas- queda saber cuál es el papel exacto de Widmore en todo esto. El plano que Zoe muestra a Jin en la "Habitación 23" puede servir para arrojar algo de luz, pero poco más. De momento Widmore está interesado en las bolsas de energía magnética que tiene la Isla. ¿Será únicamente un magnate que busca adueñarse de las propiedades físico-químico-mitológicas únicas de la Isla para blindarse cara al futuro o esconde algo más?
Sabemos un par de cosas importantes: esconde a Desmond Hume en el submarino. A saber dónde está Penny ahora...si en el Polo Norte liderando una expedición para buscarle otra vez o, de una vez, ha desistido y se ha buscado un novio que se mueva menos en el espacio-tiempo. Y, en segundo lugar, le deja claro al Hombre de Negro que le tiene respeto, pero no miedo. De ahí su frase sobre las "historias de fantasmas" y la mitología para quitar algo de "hierro" a la cosa que se transforma en humo negro pero que, ¡ojo! No es capaz de cruzar el mar convertido en él. ¿Por qué? Es probable que en la superficie del mar no tenga "energía" para moverse... y eso, junto a los destellos de luz, nos puede servir de pista para saber algo más sobre su naturaleza. ¿Será el Humo Negro un "ser" compuesto de partículas de metal -¿nanobots?- que necesita energía electromagnética para sobrevivir y desplazarse de un lado a otro? (Esto NO es un spoiler, sólo una conjetura).
Una relación con futuro complicado
El amor de Jin y Sun se antoja complejo. El "destino", esa palabra que llevaba Charlie escrita en los dedos y en la que tanto creía, parece que no les depara un buen futuro en el plano amoroso. Así se lo hace saber Michael Keamy a Jin mientras le anuncia que el señor Paik ha ordenado asesinarle. "Hay personas que no están destinadas a estar juntas". Mercenario, pero no tonto. Ese tipo de frases nunca son gratuitas en una serie como Perdidos. A los pocos minutos de ser pronunciada Sun recibe un balazo en el esternón y...no sabemos más (salvo que estaba embarazada y que el niño esta vez es seguro de Jin ya que no hay ningún "fumanchú" -que sepamos- que se haya inmiscuido en la relación de los coreanos).
A Jacob, vivo o muerto, da igual porque para eso está Hurley, parece no hacerle mucha gracia la llegada de Widmore y aún no sabemos por qué. Aparentemente tienen al Hombre de Negro como enemigo común, algo que debería servir de Alianza de las Civilizaciones en una isla a punto de estallar en La Madre de Todas las Batallas, a juzgar por la frase de Flocke a Widmore en el "careo" con la vaya de por medio. El millonario inglés se ha dejado de polvitos mágicos y cenizas y ha optado por montar las barreras de ultrasonido -creemos que es ésa la tecnología- para que no pase el Hombre de Negro. A los de Dharmaville les funcionó y ¿para qué probar cosas nuevas?
Finalmente, la llegada de Desmond a la Isla es un momento magnífico para que comience el verdadero espectáculo. Sin su "constante" -Penny- estamos ante un personaje poco predecible y que se une a la pareja de Miles y Hurley para formar el trío de los que ven más allá del futuro, se relacionan con muertos y predicen cosas. No son entes con poderes mágicos como Jacob o el Hombre de Negro, pero sí son el nexo entre los muertos, estos entes que representan al Bien y al Mal y los vivos. Personajes, todos ellos, vitales, para la Madre de Todas las Batallas que, como hemos dicho, está al caer.
Kate, que de momento está indecisa -¿¡qué raro?!- habla con Sawyer pero no confía plenamente en su plan. No está mal su postura. Ni siquiera James confía en sí mismo y ya comienza a desconfiar del Hombre de Negro. En realidad, todos empiezan a desconfiar de él. Todos menos Sayid que se ha convertido en un ser que ni siente ni padece. Un soldado ideal, sin sentimientos, para esa batalla que decidirá si el Mal se extiende o no por el mundo de los mortales.

































