Por todas las madres del mundo
17/03/2010
El mejor momento del día para mí antes de mi emancipación —qué torpe fui— era cuando llegaba del colegio y tras el beso de rigor a mi madre veía detrás de ella el guiso del día. Mi madre, como la de todos, era y es mi mejor maestra. Me enseñó a comer, y a ir merendado a los cumpleaños, para no dejar salir de mí el espíritu depredador que todos llevamos dentro. Me enseñó a llevar las manos cuidadas, a tener un aspecto impecable, aseado, y los zapatos —«¡por favor, Mario!»— limpísimos porque decía que era mi carta de presentación. Ella me enseñó a dar las gracias y las buenas tardes. Jueza en las riñas entre hermanos, economista del universo del hogar, cocinera, modista, decoradora, planchadora, «personal shoper» y, en ocasiones, padre y madre. Cada día hacía el casting en la plaza de abastos del mejor pescado, la mejor carne y las más frecas frutas y verduras... Desde que no como a diario en casa de mi madre mi cara no tiene el mismo brillo.
El ejemplo de mi madre es el de millones de madres de familia que sacrificaron el crecer profesionalmente por la educación y cuidado de sus hijos y, después de todo, no están todo lo valoradas que debiesen. Precisamente de eso se habló ayer en la Fundación Cruzcampo. Bajo el título «Mujer y Vidas, ¿inseparables?» María Eugenia Sánchez Valdayo, presidenta de la Asociación Andaluza Mujer y Trabajo, reivindicó el espírito de compromiso y lucha que las mujeres y los hombres de nuestra sociedad deben tener por velar por nuestros valores morales cristianos. La familia entendida como pilar de nuestra sociedad y escuela de principios esenciales para que las nuevas generaciones salgan al mundo con el saco lleno de valores cristianos para enfrentarse con firmeza a una sociedad contaminada hasta el punto que se entiende por libertad el acabar con vidas inocentes con la facilidad que se compra una camiseta de la talla S.
María José Navarro, de la asociación Provida defendió en la conferencia que desde la perspectiva que estemos cada uno podemos luchar con valentía por la vida, por la familia y por todas las mujeres que nos mimaron un día para hacernos hombres y mujeres de provecho para la sociedad.