Carreras de manzanilla
29/08/2012
Yo estoy aquí para contarles cosas alegres y, como ayer, salto a este ruedo para hablarle desde el tercio de la segunda jornada del segundo ciclo de las Carreras de Caballos de Sanlúcar cuando todos los momentos del veraneo empiezan a caducar preferentemente y sin retorno. En la tarde de ayer, la penúltima de esta 167 edición, fue el turno de los premios Parque Comercial Las Dunas, Mundobasket 2014, Gran Premio Cepsa y Cajasol y pese a caer entre semana el recinto de Las Piletas estaba a rebozar con un ambiente estupendo, de todas las edades y con el mismo objetivo: disfrutar del espectáculo que son estas carreras y de toda la vida social y entramado de satisfacciones que giran en torno a ellas. Como siempre, al término de las carreras, los palcos privados son la Carrera No Oficial por la que todos los asistentes tienen su toma de hora imaginaria. Quien no se toma una copa de manzanilla entre amigos, familia, conocidos o compromisos no ha ido a las carreras. La manzanilla en su cuna es la bebida estrella, es la niña bonita y mimada de los palcos, la invitada de honor. Una señorita muy fina, pues no emborracha, ni grita, solo embriaga si se le bordea o se le falta el respeto, entonces, como todas las mujeres cuando se ponen bravas, puede dar mucho dolor de cabeza. La manzanilla también es elegante, pues la elegancia viene con los años y ella los pasa en las mejores bodegas, con el microclima que exige y que sólo liga con los mejores platos y mariscos. La manzanilla, doy fe, enamora, perdidamente, y nunca está de más pues, aunque es exquisita, le gusta estar presente, no sólo en los grandes restaurantes, sino también en las más humildes tabernas donde se bebe en vasitos y no en catavinos. Así es ella de grande... Así es la manzanilla, señores. Hoy fin de fiesta de esta temporada y el Premio Ciudad de Sevilla trae en sidecar una amplia representación de la sociedad civil y política de nuestra ciudad. Fin de fiesta de un tiempo de descanso y reflexión para este relator de vida dispuesto a recibir el calor del membrillo y a la segunda primavera que es septiembre vislumbrando a media potencia un nuevo otoño.