En el 95 la Infanta Elena decía el "Sí quiero" en la Catedral de Sevilla. Con el tiempo su matrimonio no funcionó pero sí el restaurante que abrió sus puertas cuatro días antes haciendo honor a ese día: Infanta de Sevilla.
En pleno barrio de El Arenal es comprensible que este establecimiento esté a rebosar entre marzo y abril, cuando la ciudad da paso a sus fiestas. Su amplio salón nada más entrar, con mesas y taburetes altos, plantea la opción del tapeo, muy recomendable. De esta manera podemos deleitarnos con sus embutidos o unas espinacas con garbanzos, pasando por las albóndigas de buey o la berenjena rellena. Todo regado por una amplia selección de vinos.
Así, en un simple vistazo a la carta, notamos el toque andaluz en todos sus platos, pero la modernidad no queda renegada. Aquí la elegancia se plasma no solo en su cocina, sino también en la decoración. Tanto en la zona de tapas como en sus salones de mesas con manteles blancos inmaculados. Aquí "se puede tapear también aunque de otra manera, a base de raciones", asegura Manolo González. Manolo recomienda el hojaldre relleno de buey o la carrillada de merluza al estilo Infanta. Solo hay que probarlo.











