Casualmente descubrí este lugar cuando regresaba de sellar la cartilla del paro, como se suele decir, aunque ahora colocas la huella y todo es automático. Entré algo cortado, pero pronto descubrí que allí había mucha solera y clase a raudales. El material es exquisito, tanto el pulpo, que degusté, como los quesos, y no digamos la variedad de cervezas servidas en vasos de cristal de la marca que eliges. Como colofón una música de alto nivel, y no lo digo por el sonido en alto volumen, sino por los temas elegidos que seguro apasionará a los cincuentones como yo, y a todas las edades, porque es música de las buenas. Me regaló dos posavasos, y le comenté que volvería acompañado de la familia. Os lo recomiendo