Además de vino y cerveza, carne mechá, huevos de choco, aceitunas machacás con su puñao de sal, o pescao frito, Núñez Soto vende cal. Digo.
“Beber es todo medida: alegrar el corazón
y sin perder la razón, darle razón a la vida”.
¡Qué sentido cobran los versos de Pemán, como antítesis a la consentida y tutelada botellona! Recuperemos la cultura del vino sobre el abrevadero cutre y cafre. Volvamos a la taberna, la reunión; a la tapa y la charla. Uno de esos templos del moyate que aún perdura en Sevilla es la Bodega Hermanos Núñez. Al final de Palacios Malaver, pegadita a la calle Feria, donde tomar un primer vino bajo la luz filtrada entre naranjos y ver algún petálo de azahar ahogarse en el vaso... No digo nada si encima es jueves y nos hemos paseado por ese zoco kafkiano de quincallería imposible, donde aún parece que alguno de los zagales que corretean entre los puestos fuera Juanito Belmonte….