Triana nunca deja indiferente. Y en un restaurante de este barrio Arcelia y José Ballester inventan casi a diario una de las cartas de tapas más originales y sugerentes de Sevilla. Cocina de mestizaje como gustan llamar, es básicamente de autor. José Ballester, pintor expresionista y cocinero y Arcelia -ojos verdes que duelen- mezclan como si de una paleta de colores se tratara, sabores del mediterráneo con los de su Caribe natal.
Macuro es sencillo, con pocas mesas y una barra justa, decorado en madera y lienzos del propietario, acogedor y coqueto. Ideal para una velada en pareja, pero incómodo para una reunión más numerosa. Su carta de vinos es corta pero con crianzas muy bien escogidos de Rioja, Ribera de Duero y Somontano. Yo debuto con un vermú de Bollullos del Condado con sifón, hielo y su rodaja de limón y me dejo llevar por la melosidad caribeña de Arcelia.
La carta es interminable...
Los consabidos panes de la casa, papas aliñás con melva, tostas de lomo al paté, bacalao, salchichón de jabalà a la pimienta… hasta llegar a las creaciones de José: Falafel en salsa de yogur y eneldo (una croqueta de garbanzo, bulgur, cúrcuma y eneldo fresco) con crema de yogur griego realmente sorprendente, lasaña de morcilla de cebolla, las arepitas –pan de harina de maÃz rellenas de ternera- servidas con rodajas de plátano verde frito y salsa de guasacaca (tiene guasa el nombrecito): una sugerente crema de aguacate, cebolla, cilantro y limón. Siguen los jalapeños rellenos de cheddar o su tapa insignia: la ensalada de pollo y aguacate. Su solomillo al whisky es delicioso y su secreto está en marinar la carne en una salsa de hierbas antes de hacerla.
Recorriendo el mundo en la barra
¿A que nunca han probado una tapa de ceviche verde de corvina y langostino, o de panga con su copita de vuelvealavida? Pues es cocina andina de pescado marinado al estilo creativo del Macuro y no tiene nada que envidiar a ningún sushi. Las albondiguillas de ternera con kefta, que le transportarán directamente al Magreb, la tapa de mousaka… Asà es la cocina de Macuro, diferente hasta para hacer unas papas bravas, que en vez de fritas son al horno con salsa nápoli y finas hierbas... Para terminar pruebe su chupito mestizo: ron venezolano con Pedro Ximénez y pidan un surtido de compotas caseras de frutas fascinantes: cascos de guayaba con crema de queso, papaya verde y piña con canela, clavo y jalea de mango: cosa buena y refrescante.
La clientela de Macuro es fiel, se dirÃa que casi devota, de la capacidad de complicarse la vida que tiene su propietario, por eso los viernes y sábados noche allà no se cabe. Es mejor ir entre semana que es cuando le atenderán con especial dedicación. Si se deciden, algo es seguro: les va a sorprender.
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