Un reputado tabernero sevillano me decía la otra tarde: “Ni el carril bici, ni la crisis, ni la peatonalización, ni tampoco las elecciones ni nada; la que me ha quitado los clientes es....la jueza Alaya". No se puede tener más arte y más acierto. Se acabaron las pinceladas al centro y adentro y las cigalas enganchadas a la cuarta potencia. La flota marisquera está amarrada y hasta aquel turco de los tubos de válvula está echadito en sal, de la pena, por la marcha de la mayoría de trasmallo.
Hablando de trasmallo, hoy les convido -a canino escote- a un trocito de Sanlúcar en Sevilla: la taberna de Chani. Después de 20 años en Heliópolis, este sanluqueño ha recalado en Nervión hace un año y 4 meses, aunque éstos últimos no cuenten por mor de las obras de la calle, por fin terminadas. La cocina del Chani es la cocina de Cari. Es Bonanza y Bajo de Guía. Verduras de navazo y pescao de tarraya, la huerta de La Algaida y la lonja del puerto para bordar la sopa de tomate y la fritura de pescao. Pesca de bajura hecha cocina de altura. Salmonetes pequeños prodigiosamente fritos o acedías rizadas cual pestaña de gaditana. Como sus jugosas ortiguillas fritas, ideales para acompañar con un catavino de manzanilla o una Cruzcampo tirada en vaso fino y mojado.
Hablando de concejales progresistas de trasmallo y taberna sanluqueña no nos podemos olvidar de los langostinos, gambas o cigalas que traen los fines de semana… Pero yo me quedo con sus guisos; la sopa de galeras, la paella, el puchero marinero o el arroz caldoso con huevos de choco. De esta otra Barrameda, la barra sigue siendo lo mejor: espinacas con garbanzos o la ensaladilla de gambas con un toque de mayonesa picante de la casa que la hace diferente. En llegando este tiempo, ponen caracoles, solamente buenos como reconoce el mismo Chani.
Para quién no sepa orientarse en la carta náutica del tapeo y esté más perdido que el barco del arroz, decirle que el Chani está donde el antiguo restaurante Vidal. Por lo tanto, tiene buen salón comedor. Como yo la silla no la trabajo, les recomiendo una tapa de bacalao al amontillado o una de garbanzos con langostinos que les traerán recuerdos de la sanluqueña plaza del Cabildo.
La carta de tapas cambia con frecuencia, por eso conviene volver porque a la decepción de la tapa ausente sucede la sorpresa inesperada de la novedad, como me pasó una vez con unas papas con choco que daban la hora.
Están estrenando unos veladores que a la marea baja de la tarde sevillana piden huevas aliñadas o unos boquerones fritos con caña fría de cerveza o manzanilla.
Yo les dejo con el recuerdo de una sopa de tomate, tapa difícil de encontrar mejor, que me tiene hablando solo por las calles.












