Tiene Sevilla sitios inesperados y sorprendentes. No solamente en su casco urbano, sino también en su amplia metrópoli. Saliendo por el sur hacia a Utrera, buscando la Campiña, nos encontramos de pronto en Montequinto. Parece que está en el quinto…., pero está ahà mismo. En uno de los primeros bloques de pisos que se construyeron, existe desde hace 28 años un bar con un nombre peculiar, el Madrid-en-Quineba, llamado asà porque allà dejaban la correspondencia de la promotora madrileña Quineba.
La familia DÃaz viene de Montellano, flamenco y morcilla de asaúra, y la forman 6 hermanos- 3 machos y 3 hembras- con sus correspondientes cónyuges, dirigidos por Manolo, desde la tierra e Isabel, desde la Gloria. Cocina casera o mejor dicho, cocina campera; de venta de carretera, pero a pie de calle. Tienen este bar en Montequinto para suerte de sus vecinos pero, por su calidad y servicio, merecerÃan estar en la mismÃsima calle Gamazo, donde ya está sobrando más de uno…
Qué bien tirada está su Cruzcampo, siempre con unas aceitunitas machacás o unas habas verdes que vienen de lujo para irse preparando para la “guerra”… tienen una cocina portentosa por tapas: cazuelita de cocido campero con su morcilla, tagarninas y berza. Un menudo que da la hora, finÃsima cola de toro o una ensaladilla soberbia. Allà no hay carta, Juan, Manolo o Antonio son los recetadores que, vestidos de blanco y negro como siempre ha sido, te venden el trabajo de sus pucheros. No paran un momento; ni ellos ni el mismo Manuel DÃaz, el patriarca: el que no atiende está limpiando.
Yendo al grano, con un Rioja -viña Alcorta- me arrimo a sus arroces, con verduras o con higaditos y carne, para reventar de buenos. Aconsejo disfrutar de una tapa poco habitual, las habas frescas del tiempo guisadas con carne, con una manzanilla o fino. Especiales. Como su atún encebollado o su rosada empanada o frita en tacos al limón. Esa cocina es una mina de oro de donde salen infinidad de tapas “de las de siempre”, difÃciles de encontrar en las cartas actuales. Como sus espárragos trigueros con huevo cuajado.
Da gusto ver la luminosidad y limpieza de su local, en parte por hacer esquina y sobre todo por la entrega en la limpieza y el servicio, de la buena camada que Isabel y Manolo trajeron al mundo.
¿Aún tienen hambre? Pues un aliño de melva, huevos rellenos, pulpo a la gallega o los boquerones fritos pueden remediarlo, pero nunca olviden pedir sus guisos: son trozos de campiña con matices de olla, de tierra en regabina, de barbecho y gallos de corral, de buen pan, que le harán soñar con otra época y otros sitios.
Pocas cosas hay mejor que hacer con nuestras vidas, que parar en el Madrid-en-Quineba. Fijo.









