En el centro de Sevilla abundan las calles con «sabor», pero entre todas hay una de ellas con «olor»: José Velilla, entre Rioja y Tetuán -si hombre- la de la oficina de Velázquez de ABC de toda la vida, la calle que huele a adobo… No es de paso asà que el que allà acude lo hace con conocimiento de causa y con apetito. Calle estrechita entre calles de comercios, gente que compra y gente que vende, despachos, notarios, oficinas, bancos y además… buenos bares de tapas.
De ellos, hoy me fijo en uno, La Flor de mi Viña, siempre con clientes en la puerta y por supuesto dentro. La tapita del mediodÃa, la cervecita reponedora, el descanso del comprador y del vendedor, del letrado y del iletrado. El aperitivo como placer y también como necesidad.
Del bar llama la atención su sencillo diseño: tonos morados, mostrador en ángulo recto dejando espacio –cosa rara- a clientes y camareros, luminoso gracias a sus ventanales a la calle donde también se consume casi tanto -y tan bien- como dentro al ser peatonal y disponer de barriles a modo de veladores.
Mención especial merecen sus profesionales, camareros con mayúsculas, de los de antes -gestionando la bulla con prisa- porque aquà todos repostan para volver al negocio. Son gente trianera y atienden con diligencia, en perfecta coreografÃa, sin estorbarse ni confundir las comandas, tirando bien la rubia de Luis Montoto, vulgo Cruzcampo, sin perder el tiempo ni hacerlo perder, como debe ser –vámonosquenosvamos- que hay que seguir trabajando.
Amplia variedad de tapas pero no excesiva
Tapas de plancha, frÃas, chacinas y de cocina de la buena, de «pecado», de las de mojar pan en la salsa: carne en salsa, punta de solomillo adobada, hÃgado en salsa, cola de toro (muy mejorable), carrillada en caldereta, pollo al ajillo, solomillo al whisky, calamares a la riojana, el atún encebollado… todo de buen nivel y por supuesto, atún plancha, huevas con mayonesa, filetitos de presa, buena y generosa tapa de ensaladilla rusa con melva. Montaditos calientes en mollete de jamón y salmorejo o de mechada en salsa, palometa o bacalao, etc. Me gustaron particularmente los riñones al Jerez a los que me apliqué con un Valduero crianza observando lo variopinto de la clientela, dependientes, abogados y clientes, directores y cajeros, repartidores, corbatas y uniformes de faena… todos entregados al mediodÃa de tapeo laborable.
El consejo
Pregunten a Curro por el plato del dÃa, suele ser un guiso irrechazable. Quizás ése sea el secreto de éste bar: tener que dar de comer todos los dÃas a la misma clientela bien y barato. Ahà no cabe «ojana» que valga; o das el callo o se te van a la numerosa competencia cercana. Hablando de callos, prueben su menudo de ternera… para seguir mojando pan.





