Y en la calle Sol, un bar con solera. El Uno de San Román, todo un clásico en el centro, oferta un ambiente tranquilo, simpatÃa y la mejor comida casera.
La experiencia que da mantener las puertas abiertas desde hace 150 años, explica el gusto tan cuidado de cada uno de sus platos. Francisco Carrasco lleva unos cuarenta años tras esta barra. Se considera un apasionado por los caracoles y las cabrillas, que le traen de su Lebrija natal, y asegura que el truco de los caracoles está en la paciencia. "Si hay que echarle cuatro aguas, mejor le echamos ocho", asegura.






