Al hilo de la decapitación de la diosa de la Puertajeré le viene al pensamiento a este cronista que los recortes en educación y cultura son los culpables de este otro recorte de capital al patrimonio sevillano. La ignorante chusma ebria de botellona barata queriscaba libremente por la fuente, como campa por el resto de Sevilla todo el año, celebraba una victoria deportiva cual piara en estampida sin porquero que la condujera.
La mejor demostración de que beber es cultura es la taberna Gonzalo Molina.
Gonzalo se llama en realidad Manolo pero a él le gusta que le llamen como a su padre que fue quien se hizo cargo de este local centenario hace más de 80 años. Su hermana Luisa es la que está en la cocina y Manolo siempre en la barra. Nuestro tabernero es peculiar, estudió arte dramático que es algo que, junto con psiquiatrÃa, se deberÃa exigir para llevar un mostrador. Además de actor de aquella compañÃa mÃtica -Tabanque- nacida del semillero cultural que fue el SEU sevillano, Gonzalo es poeta con varios libros en su haber, amén de haber tocado la guitarra eléctrica en conjuntos setenteros.
Gonzalo rachea su paso ausente por el damero de terrazo hidráulico de una tasca que parece que la mantiene en pié el puntal de esperanza de la de San Gil, componiendo versos soñados y recuerdos de tiempos mejores. Su local es una taberna “guarnÃa” cual analogÃa de la cultura hispalense: está sujetada por postes y forrada de una malla pararecoger escombros desprendidos.
Sus tapas emblemáticas son las codornices y las alitas de pollo fritas. Además despacha muchÃsimo la "Bratwurst" especie de salchicha blanca gruesa y montaditos entre los que destacan los de cochinito alioli, de chorizo picante y los de morcilla de arroz o cebolla. Tapas empapadoras de Mahou negra de barril, cañas de Cruzcampo, recios vasos de vino de pitarra o Vermut deMelquÃades Sáenz, vinos de naranja o frambuesa que son versos de Juan Ramón trasegados desde Moguer.
Entrando a la izquierda (con segundas) hay una biblioteca, asilo de textos desahuciados,montada a raÃz de que el vecino carbonero de la calle Parras rescatara unos libros entre la basura y donde el cliente puede llevárselos de balde y aportar nuevos.
La bodega es la caraba en bicicleta: canalla, inclasificable e infranquiciable. Está decorada con fotos antiguas donde conviven Manolete y el Che Guevara, la Cuaresma, Triana o Pepe Pinto con Luzbel y Silvio que tiene su propio rincón dedicado. De fondo, suena sicodélia setentera o flamenco mientras leemos ese rincón incomparable, “Cartero surreal”, que es el tablón de cartas a los reyes magos escritas por los clientes entre vahÃdos de mollate y aromas rifeños.
Para acabar, ahà va una cosita de Gonzalo al hilo de estos dÃas:
“Si ahora cogemos de la mano
a nuestros hijos sin saber quiénes son...
Si rompimos los proyectos
para ellos a patadas...












