Cuando entras en Casa Pepe te recorre la sensación de los más de 50 años que lleva a cuestas. De bar con larga barra de madera, para no quedarte sin espacio, y de urinario en una esquina con pequeñas compuertas que se balancean como las del oeste. Pero detalles como este último ya han ido desapareciendo con los buenos tiempos y otras sorpresas nos dan la bienvenida. La vista se va nada más entrar a nuestra izquierda, donde nos recibe un burladero de la mismísima Maestranza. Un buen guiso, una ensaladilla casera con gambas, menudo de ternera..., platos de siempre servidos años tras años por el abuelo, el padre y ahora, el hijo.














