Después de 70 años en pie, Casa Manolo es una entidad en un barrio como Triana. Sentados en una interminable barra, en el salón de la derecha o escaleras arriba, observando la calle San Jorge, podemos comer tranquilos. Los camareros, con un fino lazo negro a modo de pajarita, estarán siempre atentos por si los reclamamos.
Muchos vienen aquí para no perder ese buen guiso de los de antes, de los que hacían en casa nuestras madres. Y por supuesto, por el pescaíto frito de Casa Manolo.












