“Su propietario es un tipo adorable con detalles que hacen más llevadera la diaria realidad de sus clientes”
Surrealista como la paradoja de la avenida Hytasa, que tiene nombre de una empresa que no existe y cuyas naves han sido ocupadas por la mayor industria andaluza. Esa que en vez de obreros tiene funcionarios, que es igual pero no lo mismo: la Jungla de Andalucía. Surrealista como el bar que traigo hoy aquí, Simún. Nombre de viento del desierto, metáfora del Sáhara cultural de la ciudad…. Bar que a simple vista tiene poco de extraordinario, salvo por la personalidad de su dueño, Paco, que lleva 15 años desayunando funcionarios y dando comida casera, con su peculiar estilo, heredero de la tradición surrealista de la Peña de Er 77, aquella aristocracia de chufleteo: el Marqués de las Cabriolas, Conde de las Natillas…
Paco Simún es un tipo adorable con detalles que hacen más llevadera la diaria realidad de sus clientes, como el agua con gas de la casa (un vaso de agua con un mechero dentro) o devolver el cambio de billetes grandes en puñados de monedas de 1 céntimo o el homenaje a Cádiz, con una tacita forrada de papel de aluminio… La decoración del Simún es completamente “naif”, todo lleno de cachivaches, como teléfonos antiguos, quincalla de aluminio, una bimba de bicicleta… o el “pick-up”. Un tocadiscos dónde Paco va pinchando los éxitos del momento de… Tony Ronald, Antonio Machín, el Puma, Karina.…
Su carta, en coherencia, es una libreta de gusanillo como las del colegio, que va enseñando a los clientes y donde está apuntado lo que hay: espinacas con garbanzos, ensaladilla, salmorejo, un soberbio cocido con todos sus avíos, sus finas croquetas, o sus habas con jamón.
-¿Qué tienes de tapa?
-Tengo un menudo muy rico.
-No me gusta el menudo, Paco.
-A mi tampoco.
-¿Tienes algo más complicado?
-Sí, mi mujer…
…Así puede ser una comanda al estilo marxista de Groucho con Paco. Delirante.
Por las noches, desde los martes, retoma el bar su yerno, Pablo Jiménez, formado en la Taberna del Alabardero y fotógrafo gastronómico, que junto a Raquel y Jose Luis introducen “tapas de Alta Cocina”, como dice Paco con su mijita de guasa. Carpacho de presa a la sal, montadito de marmitako, paté de perdiz, arroz cremoso de setas y parmesano… Tienen buena la Cruzcampo, pero flaquean en la carta de vinos.
Ir al teatro de Távora allí al ladito mismo, es una excusa ideal para darse un homenaje en Simún, o viceversa, si el tiempo no lo impide y con permiso de la autoridad municipal incompetente. Claro que también puede uno quedarse en casa leyendo las “Sobras Completas” del compañero en el sentimiento de la delegada de participación ciudadana, que eso sí que es surrealismo…





