Enrique llegó a nuestra ciudad desde su Córdoba argentina hace apenas un par de años. Su breve equipaje lo fue dejando por otras ciudades españolas hasta que –cuántas veces hemos oÃdo esta historia- recaló en Sevilla. Aquà cogió el traspaso de un bar eminentemente de desayunos y con la ayuda de Luis lo ha convertido en algo más, en mucho más (sin descuidar los suculentos molletes en torno a los que reúne a primera hora de la mañana a todos los bancarios de la zona).
Y con esta sencilla operación emprendió una más difÃcil: argentinizar las tapas sevillanas. O mejor dicho combinar lo argentino con lo sevillano y hacer que convivan en la misma carta. Entre las más de aquÃ: albóndigas de bacalao con salsa de gambas, cebollas rellenas de bonito y unos deliciosos calabacines rellenos (esta vez, rellenos de carne). También bacalao a la paisana, espárragos Duquesa y ya va llegando la carne (lomo Mozárabe, lomo al Cabrales y lomo al Parmesano).
Realmente, carne argentina
Pero antes de que sucumbamos definitivamente en la carne argentina –realmente argentina, que se corta como mantequilla y que Enrique se niega con buen criterio a pasarla demasiado- podemos tomar unas conservas: bonito con pimientos, ventresca, anchoas de Cantabria –de verdad de la buena, que se les oyen todas las eses-, mejillón imperial –no sabéis qué justicia hace su tamaño a este nombre-, hÃgado de bacalao –al que no le guste el hÃgado que me lo pase, pero que lo pruebe antes- y berberechos -¡ay mi niña!- En esto de las conservas sólo hay que elegir bien el proveedor, pero eso es tan fácil y tan difÃcil...
Montaditos
Y los montaditos ¿a qué os suenan sus nombres? Pampero, Rancho, Sur, Ceibo, Facón, Ushuaia, Gaucho, Platense, Patagonia, Infierno, Buenos Aires y para que no le llamen abusón termina de “bautizarlos” escuchando a su corazón dividido: Postigo (roquefort con chorizo picante) y Argentino (bacon y queso). Terminamos, siguiendo uno de esos refranes del tapeo, “por sus quesos les conoceréis”, cubriendo muy bien el expediente con quesitos al horno, queso viejo y una provoleta Grillé domesticada con taquitos de jamón.
Enrique asegura que en uno o a lo máximo dos años volverá a su tierra natal ¿quién se apuesta algo conmigo a que esto no ocurre? Por lo pronto acaba de instalar una freidora nueva y una campana extractora... y además le gusta charlar, o mejor dicho conversar y lo hace con una tranquilidad que aquà vamos perdiendo. Y si me permitÃs una última razón, desde la barra y a través del ventanal, se divisa nÃtidamente un buen trozo de esa Catedral que no nos merecemos.






